Llevo tiempo deseando escribir un post sobre la nube. Por un lado, por todo lo enigmático y difícil de comprender que rodea a la nube informática, ese lugar impreciso donde aparentemente se nos graban las fotos, los archivos y a saber qué más. Y, por otro lado, todo lo que el simbolismo de una nube aporta a nuestro inconsciente colectivo por inabarcable y omnipresente.
Para no olvidar mi propósito de acercaros al mundo de las nuevas generaciones, para las cuales «estar en la nube» en casi todos los sentidos es lo más normal, empezaré con algunas nociones y pinceladas de lo que es la nube informática.
En el argot informático, se habla de tener cosas en la nube o usar servicios alojados en la nube cuando tenemos libre acceso a ellos desde cualquier lugar y dispositivo, con el único requisito de tener conexión a Internet. Servicios en la nube que seguro que has conocido son: el correo electrónico, los álbumes de fotos y las carpetas «en la nube». Seguro que os suenan los Google fotos, Google Drive, OneDrive, iCloud, Outlook, Gmail, Dropbox y así un largo etcétera.
¿Cómo funcionan? Pues bien, ciertas empresas «generosamente» ofrecen sus potentes ordenadores para compartir una porción de su capacidad de almacenamiento para guardar tus datos, ya sean fotos, archivos, emails, compras o, como está siendo para mí escribir estas líneas en esta plataforma: conocimiento e ideas. Para poder disponer de esta información en todo momento y lugar, se requiere de equipos que se replican la información unos con otros (la información no se guarda en un solo ordenador, sino en muchos). También se requiere mucha memoria, capacidad de procesamiento y recursos humanos y tecnológicos para garantizar la seguridad y la accesibilidad a los datos. Estos servicios no se utilizarían si no se garantiza un mínimo de confidencialidad y seguridad. Me parecen importantes estos datos:
– que a las empresas que se dedican a ofrecer servicios en la nube les va la vida en asegurar que la información se trate de forma confidencial y segura;
– que estos servicios tienen un coste que, de alguna manera, hay que sufragar. Es algo natural, los que trabajan en ello no viven del aire y tendrán que ganarse el pan como tú y como yo.
Esto no quita que no debamos ser conscientes y enseñar a ser conscientes a nuestras hijas e hijos de que lo gratis en Internet también tiene un precio que pagar(directo o indirecto) y que nos puede interesar o no. Un precio como que nuestros gustos y necesidades puedan ser rastreados por motivos comerciales o políticos, que nuestra confidencialidad se vea comprometida por un ataque hacker y nuestra intimidad pase a ser pública o, que un día, estos servicios de los que tanto dependemos dejen de ser gratis y eso conlleve un impacto inesperado a nuestros bolsillos.
Por ejemplo, a día de hoy ya se está hablando de que Google Fotos pasará en breve a ser de pago, al menos cuando nuestras fotos ocupen cierta cantidad de espacio, lo cual ocurrirá irremediablemente tarde o temprano. Y entonces qué, ¿cuál va a ser la respuesta de la muchas personas que se vean abocadas a elegir entre pagar un servicio que no tenía presupuestado o volver a la antigua usanza de volcar la ingente cantidad de fotos a nuestro disco duro a mano? Por supuesto que se nos dará alternativas, aparecerán nuevos servicios gratuitos, se nos permitirá bajarnos las fotos a nuestros dispositivos y la creatividad humana encontrará nuevos caminos para adaptarse. Sea como fuere, esto puede ser fuente de estrés e intranquilidad para aquellas personas menos familiarizadas con la tecnología. Algo que antes hacia mi móvil solo, sin darme cuenta, ahora tengo que adaptarme y decidir. Como siempre, pros y contras que nos obliga a dedicar un tiempo extra a tomar conciencia y decidir… El tiempo que la tecnología nos da por un lado, a veces nos lo quita por otro.
He preguntado a alguna personas cercanas si sabían qué era la nube. La respuesta fue unánime: «sí, donde se guarda todo». Y luego pregunté: «¿y donde se guarda todo?» Y eso ya no estaba tan claro: en Internet, en Google, en ordenadores…
Voy a cambiar un poco el rumbo para aventurarme ahora hacia el terreno de lo simbólico y el pensamiento o conciencia colectiva. No sé si sabéis que la nube es símbolo de Dios para algunas religiones y culturas, entre ellas las judeocristianas. Se piensa en Dios ahí en una nube o directamente se le considera como tal. Un símbolo que representa lo inalcanzable (antiguamente, claro), el acompañamiento, las bendiciones en forma de lluvia, la omnipresencia (aunque no siempre la veamos), su movilidad para encontrarla adónde quiera que vayamos. También se enfada de vez en cuando y nos arruina las cosechas. Que no se nos ocurra enojar a Zeus o a Thor.
También hablamos de «estar en las nubes» cuando alguien está en la inopia o no está presente, o no participa de las cosas mundanas o terrenales. Es como estar en otra esfera de presencia.
La nube. Todas las personas estamos en la nube de una u otra manera. O estás en la nube de tenerlo todo digitalizado y distribuido por toda la Internet o en la nube de aislarse del presente tecnológico o en la nube de dejarse llevar por los vientos alisios sin preocuparme de dónde te lleven.
Sea cual sea tu situación y la de tu familia, la nube nos ofrece una oportunidad de aprendizaje. ¡Qué bueno sería dejar de verla como algo allí lejano, inalcanzable, incomprensible, capaz de lo mejor y lo peor, y acercarnos a ella para comprenderla mejor! Acercarnos, tocarla, sentirla, investigarla, experimentarla, cuestionarla,… La nube es intangible, seguramente no se pueda llegar a una verdad absoluta con respecto a ella. Pero, cuanta más conciencia pongamos sobre ella, nosotros y los nuestros, mejor podremos tomar decisiones más adaptativas para nuestra vida. Yo me he autobautizado como «psicoinformático» por aquello de haber dedicado media vida a estas dos disciplinas y por mi firme propósito de buscar que la tecnología procure seguir la senda de la salud y el bienestar y tratar de desenmascarar y alertar a los que me lean o me escuchen, sobre los peligros en los que, por inercia, podemos caer.
Ofrezco este espacio para que colectivamente podamos encontrar caminos de conciencia y educación tecnológica colectiva. Para compartir, opinar y aprender. Para formular dudas, recibir recomendaciones, apoyo, y donde podéis contar conmigo, siempre que mi tiempo y mis recursos me lo permitan.
Que la tecnología nos acompañe para bien. Y que disfrutemos de momentos sin ella, también para nuestro bien.



