Vivimos en una sociedad en que no nos gusta perder el tiempo. Premiamos todo aquello que nos hace ganar tiempo y denostamos lo que nos lo hace perder ya sean servicios o personas. Mejor tardar 30 minutos que 40 para llegar al trabajo, mejor hacer dos o tres gestiones online en lugar de una presencial y ahora, mejor escuchar un mensaje de audio en la mitad de tiempo activando la doble velocidad. Me pregunto dónde va todo el tiempo que nos ahorramos cuando cada vez tenemos la impresión de que da tiempo a menos cosas. La respuesta está en cómo nuestro cerebro registra y memoriza la información, en cómo saborea los momentos. Se puede aprovechar mejor con la nueva moda que es la mal llamada «multitarea» o «multitasking» en inglés. Me planteo si realmente es una nueva moda o si lleva toda la vida con nosotros. Siempre ha sido normal escuchar la radio mientras se conduce, o mientras se barre o friega la casa, se ha podido tener una buena conversación mientras se cocina o se da un paseo, cantar mientras te duchas, y así un largo etcétera.
Nos podemos preguntar qué diferencia hay con respecto a estas nuevas tendencias de multitarea como: estudiar mientras se ven vídeos de otra cosa, ver dos vídeos simultáneamente de dos contenidos diferentes y el más frecuente, caminar a la vez que se mensajea.
A primera vista, la principal diferencia es que en estos nuevos hábitos estamos haciendo uso del mismo sistema sensorial para cosas diferentes: la vista. Pero no como haríamos con el gusto, combinando sabores para disfrutar de nuevas experiencias, sino para procesarlas simultáneamente, como si escucháramos dos conversaciones a la vez, una por cada oído.
Otra diferencia importante es el tema de la atención y la conciencia. En las multitareas de toda la vida, normalmente hay una tarea donde ponemos la atención y la conciencia y otras que «delegamos» a nuestros mecanismos automatizados inconscientes. Es decir, podemos estar conduciendo aparentemente sin conciencia de estar haciéndolo porque estamos disfrutando de la música y la conversación, que es lo que realmente registramos y memorizamos. En caso de emergencia o de necesitar tomar una decisión, la atención vuelve rápidamente a la carretera o donde se precise. Podemos delegar acciones y conductas al inconsciente en tanto estén sobradamente automatizadas y sobre-aprendidas. Podremos tomar buenas decisiones estratégicas durante un partido de fútbol, tenis o voleibol si los movimientos están suficientemente bien automatizados para no tener que pensar qué brazo o pie mover para realizar una determinada acción.
Ahora podemos fijarnos en qué ocurre si vamos leyendo y respondiendo mensajes mientras caminamos por la calle. Yo reconozco que alguna vez me he pillado haciéndolo, a veces podemos llegar a juzgar andar o pasear como una pérdida de tiempo que hay que llenar. Los ojos no pueden mirar simultáneamente a la pantalla y a la calle. Es verdad que son súper veloces, permitiendo una rápida transición de una a otra, lo cual nos brinda la ilusión de estar a las dos cosas. ¿Y nuestro cerebro? Nuestro cerebro puede tener muy aprendida nuestra forma de andar y totalmente memorizada nuestra ruta a casa. Por eso no nos caemos continuamente. Pero nuestra memoria de trabajo, que es la que se encarga de realizar las operaciones conscientes, no es multitarea. Necesita hacer un cambio de contexto cada vez que cambiamos la atención de un tema a otro. Y se ha demostrado que, como ocurre también en el mundo de la informática, cada cambio de contexto produce un poco de «pérdida de memoria» (memory leaks) y va costando cada vez un poco más recuperar el otro contexto. Imaginaros que no cuesta lo mismo pasar de una imagen a otra que de un sonido a una imagen o viceversa. Y esto ya es cosecha mía: no cuesta el mismo tiempo cerebral desconectarse de una canción para volver a poner la atención en la carretera que desconectarse de un mensaje de texto para volver a ver la carretera. Por eso: móvil al volante no, gracias. Y andando viene a ser un poco lo mismo. La prueba son los numerosos casos de móviles que acaban en el suelo por un tropezón, tobillos torcidos, espinillas con la marca de un bolardo, algún atropello o susto que otro, etc.
¿Y qué pasa con estudiar mientras veo una serie o ver una serie y un vídeo de Youtube a la vez? Pues que muy probablemente no registremos en nuestra memoria ni una cosa ni la otra. El hipocampo necesita de atención y dedicación exclusiva para poder memorizar e integrar. Quizás (especulación del autor) la razón de que no nos acordemos cómo hemos llegado a un sitio, o si he pasado la fregona por algún sitio, puede ser por haber delegado dicha función sin pasar por los mecanismos de memorización. Por eso mismo, la supuesta multitarea que requiere doble atención no puede funcionar.
En resumen: nuestro cerebro no es multitarea y los recursos atencionales son limitados y están muy afectados por los cambios de contexto y por el cansancio, sobre todo el mental. Sabiendo esto, podemos ayudarnos a tomar decisiones apropiadas sobre el uso de las pantallas y cuestionarnos si realmente estamos ganando tiempo o perdiéndolo. Una vez aprendido, podremos transmitir nuestros aprendizajes a las próximas generaciones que, por no poder comparar, quizás lo vean totalmente normal.
Os dejo con una reflexión: si, como dice el dicho, lo valioso de un trayecto no está en la meta sino en el camino recorrido, ¿no se disfrutará más un camino lento y largo que uno realizado a toda prisa? Al menos con las experiencias placenteras, ¿no crees?
Nos encontramos en el próximo post, que no será pronto, pues a fuego lento se ha de cocer.









