38A. Un día con el móvil

Hace tiempo quería hacer un auto experimento sobre cómo es mi uso del móvil en dos días diferentes: uno aprovechando al máximo sus funcionalidades y otro con total desapego hacia él. El resultado, a continuación.

– Amanezco con el despertador del móvil. Me gusta porque puedo configurarlo en modo vibración para no molestar al resto de la casa. También puedo configurar el tono con el que despertar.

– Es de noche y el tiempo está raro, aprovecho para consultar el tiempo que va a hacer durante el día para elegir mi vestuario.

– Salgo para la oficina para mi trabajo de informático. Está lejos y voy en transporte público. Chequeo los horarios de trenes y autobuses para no llevarme ningún disgusto. Hoy no tocaba, pero a veces necesito recargar los billetes, cosa que ahora puedo hacer desde el móvil sin tener que recurrir a las máquinas expendedoras.

– Una vez en el transporte aprovecho para ponerme al día de las redes sociales. Brevemente, solo lo que me puede afectar a mí directamente, porque me quiero poner a escribir material de psicología. Ideo este post, escribo algunas notas para un feedback, busco información,… También miro mis estadísticas de acceso al blog, este mes me habéis leído poco🤔, tendré que ser menos aburrido la próxima vez.

– Llego a mi oficina y hago un rápido check de mi agenda del día y reviso si tengo algún mensaje más. Y a trabajar toca, cambio el móvil por el ordenador.

– Sin embargo, uso el móvil para alertarme de que necesito un descanso, toca desayunar, comer o descansar un rato la vista. A veces uso el descanso para ver si alguien me reclama por las redes ¡Horror!

– ¡Y qué cómodo poder pagar en el comedor de la empresa con el propio móvil! No tengo que ir con la pesada cartera (llena de documentación, no dinero, no vayas a creer).

– Tampoco puedo desentenderme mucho del móvil en el trabajo. Algunas aplicaciones requieren doble autenticación y me mandan un mensajito al móvil. También podemos recibir información a través de una aplicación corporativa en el móvil y desde la cual podemos consultar el menú del día en el comedor. Vamos que el móvil ya ha gastado un 25% de batería, así que toca alimentarlo un poco.

– Por la tarde recibo llamada. Urgencia en casa. Intentamos «apagar el fuego desde el móvil. Esto no lo tenía previsto.

– Y a la vuelta, ya con la cabeza un poco cargada, decido hacer un repaso rápido a los mensajes, una llamadita de felicitación pendiente, otra a casa a ver si va todo bien y me pongo una serie online para distraerme y hacer más liviana la vuelta. También aprovecho a escribir un par de párrafos más a este texto, claro (no se lo he encargado a ninguna Inteligencia Artificial)

– En trayectos a pie me descubro haciendo lo que les digo a mis hijos que no hay que hacer, aprovecharlos contestando mensajes y planeando el fin de semana con amigos con el móvil. Tambien reuniendo amigos para una quedada deportiva. ¿Cuándo si no?

– Llegando a casa y tras las tareas cotidianas del hogar, el móvil me recuerda una cita con el dentista, consultamos la aplicación de los coles para estar al día, la del banco para comprobar que está todo bien.

– Y ya para acabar el día, cogemos el coche para ir a las extraescolares y a hacer deporte. El móvil se engancha al coche para ofrecernos navegación y ponernos algo de música. También nos genera un QR para entrar al recinto. ¿Qué haríamos sin él?

Todo este relato, algo exagerado, pero no mucho, es para explicaros un poco por encima lo que es la nomofobia. Este palabro viene del anglicismo «No mobile phobia», que quiere decir fobia a estar sin el móvil. ¿Cómo no vamos a sufrir de nomofobia con un dispositivo que nos ofrece tantas funcionalidades. De lo cual es fácil suponer que cuantas más funciones ofrezca un producto o servicio (o persona) más riesgo hay de ser dependientes de él y sufrir de malestares emocionales ante su pérdida o ausencia. ¿Lógico no?

Puedes aventurarte a saber si sufres nomofobia o no, intentando pasar un día sin móvil. La clave es tratar de sustituir cada una de las funciones que nos satisfacen por alguna alternativa. Algunas son más fáciles que otras pero, pensadlo bien, hace unos años era posible. Y trata de observar tu cuerpo y tu estado de ánimo …

Ése será mi desafío para mi próximo post en mi próximo día de viaje a la oficina. Estad atentos y compartamos la prueba. Feliz aquí y ahora, conectados o desconectados.

12. Cómo combatir el coronavirus

Se me ocurre una forma de hacer una pequeña aportación al mundo en la cita del coronavirus. Ya hay memes circulando por ahí diciendo que el mejor remedio es apagar la televisión. Mi aportación va en la línea de un pequeño texto de educación emocional.

De las emociones básicas, quizás la que más nos influye en la conducta y, a su vez, la más desconocida, es el miedo. El miedo, al natural, puede provocar tres tipos de reacciones básicas: la huida, la inmovilización y el ataque. El ser humano, junto con todas las especies animales que sienten miedo, hemos evolucionado sabiendo cuál de estas reacciones es más apropiada para cada amenaza.

Creo que la evolución de nuestra inteligencia ha aportado una destreza más: huir del miedo. El miedo es una emoción desagradable y, como tal, querremos experimentarla lo menos posible. Y si buscamos el miedo ya sea por películas o espectáculos de terror, a buen seguro es por el placer que produce dejar de sentirlo. Quizás también por el alivio de ver que nuestra vida no es tan terrorifica, al fin y al cabo.

En cualquier caso, para evitar el miedo buscamos el control de todo lo que nos acontece. Sobre lo que no controlamos investigamos, ponemos conocimiento.

Y hoy en día, disponemos del gran y maldito poder de acceder al árbol del conocimiento, el que nos hace creer sentirnos sobre el bien y el mal, con capacidad de controlarlo todo: Internet.

Dice Foucault (simplificando mucho) que el saber es una de las formas de ejercer el poder. Relacionándolo con el tema, el saber nos da el poder de controlar el miedo que casi todos, por cultura, tratamos de evitar. A mí me gusta más traducir la palabra sabiduría por su otra posible raíz: sabor. La sabiduría como capacidad de saborear la vida en contraposición al conocimiento engañoso que nos hace creer tener un control imposible de la vida.

¿Y qué tiene que ver esto con el coronavirus? Pues que en una sociedad tan mediatizada y en la que la información necesita ser vendida, todo aquello que se pueda viralizar va a tener mucho hueco en los medios. No importa la verdad, sino la capacidad de propagación. Y aquí entran en juego los bulos, las cadenas, las fake news,… Que mejor dejo para otro escrito. Como queremos controlar, queremos saber (del malo) y queremos que nos digan cómo quitarnos de encima esta terrible sensación que nos provoca el miedo a la enfermedad o a la muerte.

Por mi experiencia, creo que hay una vía alternativa para afrontar el miedo. Esta vía sería reconocerlo como un mecanismo corporal que nos informa y nos avisa cuando hay una situación de peligro. Creamos un montón de alarmas que nos avisan si hay fuego, si se ha producido un atentado, si se expande una enfermedad,… y menospreciamos una alarma natural como es el miedo. Si podemos sostener la emoción del miedo, analizar de dónde nos puede venir, quizás podamos escoger la reacción más adecuada para el peligro que nos sobreviene.

¿Algo que rescatar de todo esto para la ciber-crianza? Pues, para mí es importante que los críos tengan la oportunidad de ser una generación que empiece a valorar el miedo, que aprenda a sostenerlo y a desconfiar del control extremo. Podemos debatir con ellos, en la medida que su desarrollo evolutivo lo permita, sobre la veracidad de la información en Internet. Podemos hablar sobre los miedos, qué podemos hacer cuando se puede hacer algo y qué hacer cuando no se puede hacer nada al respecto. Esta sociedad no está muy preparada para los diálogos emocionales pero, esforzándonos un poco, quizás podamos aprender.

Soy consciente de que mediáticamente puedo haberme aprovechado de la palabra coronavirus… Espero, al menos, que esto sirva para aportar un poco de inteligencia emocional para nosotros o para nuestra progenie.

Y si te gustan mis reflexiones, busca más aquí: https://empantalla2.home.blog