22. Poniendo límites con pantallas

Dos de las funciones parentales más importantes son la disciplina y el poner límites. Por cuestiones históricas, sociales y familiares que no toca traer aquí y ahora, muchas madres y padres sienten cierta culpa o miedo a ser muy estrictos por riesgo a no ser queridos o parecer muy dictatoriales.

Sin embargo, cierto grado de poder es necesario para establecer cual debe ser la disciplina en el hogar y para poder poner límites protectores a los menores que aún no han adquirido la responsabilidad suficiente para ser conscientes de las implicaciones de sus actos. Los límites son importantes porque satisfacen la necesidad de protección. Por mi experiencia, la puesta de límites genera mucha rebeldía pero, a la vez, los hijos se sienten seguros y amados por su existencia y se suelen tranquilizar. Es su tarea, en su proceso de madurar, ir poniendo a prueba estos límites, por lo que éstos deben ser sólidos y bien fundamentados.

En mi familia la forma de dar solidez a los límites es mediante los valores familiares. Las normas las establecemos en base a esos valores. «Como os queremos y os queremos educar en estos valores, os ponemos estas normas».

El desafío está en contener las embestidas a las normas. Y aquí, lo más fácil y cómodo es recurrir a la restricción de las pantallas. Es lo que los teóricos del tema llaman «castigo negativo«. Castigo porque se percibe como «fastidioso» para el que lo recibe y negativo, porque la forma de «fastidiar» es eliminando un elemento apetitoso (en este caso las pantallas) del contexto/ambiente. También es fácil conseguir un buen cumplimiento de las normas mediante el refuerzo positivo con pantallas: si recoges la habitación, te dejo hacer pantallas o te pongo un rato los dibujos para que dejes de «molestar» o detengas la rabieta.

La disciplina positiva es una metodología teórico/práctica que fomenta que la puesta de límites sea a partir de unas normas claras cuya trascendencia deben entender los hijos tratando de sustituir el castigo por un diálogo y la intención de que el niño o la niña sea el que ponga solución a su incumplimiento.

También la CNV (comunicación no violenta) ofrece recursos para poner límites con más amor: fomentando ente diálogo desde la expresión de necesidades de grandes y pequeños.

Perdonadme si no me extiendo más sobre esto, pero hay que poner límites al post también 😌. Lo que sí quiero decir es que, no siempre se tiene la energía, el conocimiento y la situación adecuada para aplicar la forma más saludable de disciplinar y poner límites.

Por mi experiencia, el cansancio, fruto de una vida estresante de quehaceres y responsabilidades hace que muchas veces, lo más fácil y lo que requiere de menos energía es la privación o el chantaje con las pantallas. Por eso, considero que no saludable mentalmente que censurarse y fustigarse por hacerlo, las raíces de este problema son más de tipo social y estructural, fruto de una mala conciliación de la vida laboral y familiar. Baste poner conciencia y hacer lo que se pueda sin olvidar que el límite es importante.

Y no quería terminar este post sin una reflexión. No he leído ni escuchado en ningún sitio el valor de la autodisciplina como modelo de disciplina. Sí he escuchado sobre la importancia de «predicar con el ejemplo, que es el mejor argumento», por la capacidad de imitar que tienen los niños. Los hijos probablemente adquirirán nuestras conductas, o las contrarias, sobre todo en los temas que les parezcan más relevantes.

Entonces, ¿cómo sería auto aplicarnos los castigos (o consecuencias) de un no cumplimiento de las normas? Si les privamos de pantallas, ¿podríamos privarnos nosotros durante ese mismo tiempo? Si les limitamos su tiempo de uso, ¿podría hacer yo lo mismo con este aparato «infernalmente útil» que es el móvil, que tanto me sirve para trabajar, para tener contacto con la gente, para aprender, para enseñar, para hacer fotos y consultar recuerdos,… ?

Me gustaría saber qué piensas tú… ¿Me lo cuentas?