40. Las dos caras de los videojuegos

A diferencia de lo que ocurría unos años atrás, la presencia de los videojuegos en las nuevas familias no es nada nuevo pues hay experiencia previa, es decir, madres y padres de hoy hemos sido video-jugadores durante la infancia, al menos muchos de nosotros. Sin embargo, el contexto ha cambiado en algunos aspectos fundamentales: en la variedad, la portabilidad y la gratuidad de muchos de ellos (aunque, a veces, con pagos encubiertos).

Los primeros videojuegos requerían una máquina grande y fija como un ordenador, una consola con su televisor o una máquina recreativa. Los juegos eran pocos y se compraban (o pirateaban) para jugarlos una y otra vez. También empezaron las maquinitas y consolas portátiles que fueron la antesala a los juegos en los móviles. Nos podemos preguntar por qué si los videojuegos llevan tanto tiempo en funcionamiento, por qué ahora empezamos a preocuparnos por la adicción y abuso de los mismos. En mi opinión, hay dos razones fundamentales: el hecho de que sean multi dispositivo y que estén por todas partes: en el móvil, en la tableta, en los ordenadores, en los televisores inteligentes, ¡hasta los navegadores web nos permiten jugar cuando no tenemos conexión! ¿Conoces el dinosaurio de Chrome o el ski de Microsoft Edge? La consigna está clara y está ligada a la segunda razón: no podemos aburrirnos, la estimulación de los centros de placer y deseo es clave para reclutar adeptos a los videojuegos. Los cobros ya no serán por adelantado sino a posteriori: datos de la persona, contenidos premium, pago por ayudas o beneficios extra, suscripciones o directamente y ver publicidad, que es también una forma de pago. Una vez que la persona está enganchada, lograr que realice algún tipo de desembolso o cesión de datos es más fácil.

De fondo no veo yo una malicia específica por crear adictos sino, como ocurre con otros negocios, sufrimos una búsqueda de modelos de negocio en feroz competencia, por la cual buscan fidelizar la clientela ofreciendo productos lo más estimulantes posibles.

En artículos anteriores he advertido mucho de los peligros y cuidados que hay que tener a la hora de ir introduciendo a nuestros hijos en el mundo digital. También hay ya muchísima literatura acerca de la importancia de hacer un uso responsable de las tecnologías, tanto peques como adultos. Por ello, quería enfocar este post desde otro ángulo:en cómo sacarlas partido, cómo podemos aprovechar las potencialidades de los videojuegos en el desarrollo psicológico y motriz de los niños.

Para adaptarnos al mundo digital presente y futuro no queda otra que aprender mediante el uso de herramientas digitales. Es difícil aprender a montar en bicicleta sin una bicicleta. También, con la tecnología, cuanto más se ejercita o utiliza, más y mejor se domina.

Las competencias digitales se pueden adquirir directa y formalmente con un curso específico o transversalmente, es decir, mientras se aprende o se utiliza otra cosa. Esta última forma de aprender se da cuando estudiamos o leemos a través de un dispositivo electrónico, o cuando nos relacionamos por una red social por Internet, o cuando jugamos a un videojuego. Las competencias digitales abarcan desde lo motriz (mover un ratón físico o una mouse-pad, la mecanografía tradicional o a uno o dos dedos para el móvil, la velocidad de escritura o pulsación en los juegos, la atención ocular a lo relevante entre los cientos de estímulos recibidos, etc.), lo cognitivo (conocimientos digitales como encender, apagar, iconografía y su significado, procedimientos para realizar una acción, copiar-pegar, hacer un bizum, mejorar una foto, reenviar contenido, etc.), orientación espacial (según sea un juego o programa en dos dimensiones o en tres dimensiones) e incluso lo emocional (emoticonos, detección de la emocionalidad de un mensaje , etc.)

Y, al revés, transversalmente, mientras se juega se están aprendiendo: valores (y contravalores), historias, comportamientos (aceptados y no) y prácticamente cualquier tipo de conocimiento.

Hoy os voy a hacer un análisis desde un punto de vista constructivo sobre cómo poder sacar el máximo partido educativo, psicológico y social a un juego muy extendido entre los usuarios de PC y consola: Minecraft.

En pocas palabras, Minecraft es un juego que básicamente trata de crear objetos (craftear en jerga de los jugadores) a partir de materiales que has «minado» anteriormente (o conseguido de varias formas posibles: cazar, pescar, esquilar, ordeñar, …).

Es un juego que se puede jugar individualmente, pero también con otros jugadores, en el mismo dispositivo o conectados a Internet y se puede jugar en modo aventura o modo creativo. De hecho, entre los jugadores se ha extendido la idea de que hay diferentes tipos de «personalidades» prototípicas en un jugador de Minecraft:

  • El builder o constructor, que se dedica a construir grandes estructuras. Para ello ideará planos, combinará materiales y buscará un acabado estético y agradable. Frecuentemente enseñará su creación final a sus seres queridos como quien enseña un dibujo o cualquier manualidad.
  • El aventurero/a. El juego está lleno de retos, objetos difíciles de conseguir, zonas rellenas de enemigos, e incluso el propio juego está esperando que derrotes a un dragón en la tierra de End (final). El mundo Minecraft es infinito y casi infinitas las posibilidades de exploración. Además, cada cierto tiempo sacan nuevos retos para que nadie se aburra de explorar.
  • El experto de redstone. Es el rol de ingeniero, la piedra roja vendría a ser como los cables y los circuitos electrónicos. Con «redstone» se puede programar, se pueden crear mecanismos y máquinas que funcionan a distancia o con tecnología solar.
  • El superviviente. ¿Qué haríamos si estuviéramos solos en una isla desierta? Pues partiendo de lo básico, conseguir alimentos y buscar la protección de un hogar (cueva, casa o castillo) y se armarán hasta los dientes para protegerse de las criaturas de la noche: esqueletos, zombies, arañas y muchos más.
  • El creativo. Parecido al constructor pero con todos los materiales disponibles en tu mano, no tienes que conseguirlos, solo utilizarlos. El mundo Minecraft está creado para construir en cubos, de un modo muy parecido a lo que podrían ser las piezas de lego o aquellos juegos de construcción a los que jugábamos de niños. Cada bloque es de un material y tiene una textura característica y se pueden «tallar» de diferentes formas, todas muy cuadrangulares pero que, con un poco de creatividad, se pueden conseguir formas muy logradas, incluso circulares al ojo humano.

Cada uno de esos roles ofrece unos potenciales aprendizajes. Si tu hijo/a, sobrino/a, nieto/a o paciente juega a Minecraft, haz que se le suelte la lengua preguntándole qué rol le gusta más y cuáles son sus últimos desafíos o retos en el juego. El juego ha evolucionado tanto que existen hasta profesiones dentro del juego: creadores de contenido, constructores, cuidadores de huertas o jardines… (¡a sueldo real!).

Como todo juego, Minecraft puede llegar a ser muy adictivo y debemos asegurar un uso adecuado del mismo. Os paso algunas ideas:

  • Trabajar el vínculo familiar. Si te gusta jugar, juega con ellos. Si no, mírales jugar de vez en cuando o pregúntales qué han hecho o pretenden hacer. Fomenta el diálogo aprovechando su motivación y debatir sobre valores y contravalores en lo que hacen.
  • Trabajar la colaboración. Si juegas con ellos o si son varios hermanos, que jueguen juntos y colaboren, que se repartan los roles: uno conseguir materiales, otro construir, otro defender a los demás o explorar. Si están solos y conocen amigos o familiares en línea, ayúdales a que conecten. Mejor conocidos que jugar con extraños, dependiendo de la edad.
  • Reforzar la creatividad. Dar importancia a sus creaciones digitales como se las damos a las materiales. Necesitan sentirse mirados y valorados en lo que les motiva.
  • Si no se les ha ocurrido a ellos, proponerles diseñar primero sus creaciones en papel: ¡se pasarán horas haciéndolos! Incluso creando aventuras, o escape-rooms o retos para otros.
  • Y ya como extra, si un día podéis visitar un museo minero o de cualquier otro tipo para ver cómo es en realidad el mineral de hierro, el oro, el carbón,… En definitiva, no desaprovechar la motivación que un peque expresa sobre algo para enseñar más allá: valores, emociones y otros aprendizajes vitales de la vida. En Minecraft se puede trabajar con la tolerancia a la frustración pues puedes perder en segundos lo que te ha costado horas conseguir. Y yo he llegado a ver pelearse (verbalmente) porque uno robó una patata a otro… (como la vida misma). Todo son motivos para construir un modelo social y de convivencia a través del juego, casi sin que se den cuenta.

Con todo, Minecraft tiene unas cuantas contraindicaciones que debemos vigilar. Creo que son evitables siguiendo unas pautas:

  • Como ya os he comentado, es un juego infinito: tamaño infinito, tiempo infinito, materiales y retos en continua creación, tutoriales e información adicional abrumadora,… Por tanto, el límite lo pones tú, adulto. Lo mejor es marcar un tiempo de juego y avisar unos minutos antes de su finalización. El momento de la desconexión puede acarrear malestar y frustración si no se ha culminado su propósito, por ello es deseable cierto acompañamiento (preguntar qué es lo que ha hecho, qué le ha salido bien, qué le ha salido mal, mientras se va animando a cerrar el juego).
  • Procurad que no sea el único juego. La variedad es importante.
  • Evitar los modos sociales e interactivos si son menores de edad. Nunca sabes lo que te puedes encontrar.
  • Menores de 10 años, juega con ellos. Aunque los monstruos son muy inocentes y casi achuchables, pueden dar miedo sobre todo en escenarios oscuros y tenebrosos. El juego tiene un PEGI de 7 años (si no sabéis lo que es PEGI, ya lo explicaré en otro post) y los principales motivos son la violencia (matar animales, monstruos y/o otros jugadores) y la posibilidad de interactuar con extraños si está habilitado. También hay compras en el juego para extras.
  • Y, como en cualquier juego, primero la obligación y después la devoción. Si para pasarte Minecraft derrotando al dragón primero tienes que aprovisionarte de comida, después contar con un lugar seguro, y crear tu armamento, pera poder jugar, primero tienen que estar hechas las tareas de la escuela y de la casa, ¿obvio no? 😉

Me vuelto a alargar. Lo dejo aquí y seguimos en comentarios, si queréis. Si os interesa un análisis de este estilo de un juego en particular, no dudéis en escribirme. Los iré intercalando con otras cositas de interés. ¡Disfrutad de la aventura de vivir física o virtualmente!

25. Avatar y avatares

Un avatar antes de la era digital era (o es) la encarnación de un dios hindú (en tanto es una palabra que viene del sánscrito). En el mundo digital es la representación gráfica de nuestra identidad virtual (rae) o, en otras palabras, nuestra apariencia visible en las redes virtuales, juegos, etc. Puede ser una foto nuestra, una foto cualquiera, una caricatura nuestra, una caricatura de otro u otra, un personaje o animal que nos guste y así, un largo etcétera. En cualquier caso, es nuestra máscara más o menos transparente/opaca en el mundo virtual.

No sólo en el mundo virtual vamos con máscaras, también en el día a día. Una máscara es también cualquier conducta nuestra que distorsiona hacia el interior la verdadera esencia personal, lo que realmente pensamos y sentimos. La transparencia y la honestidad suelen estar muy valorados pero es bueno entender que una máscara tiene una función protectora de nuestra intimidad y de nuestras fragilidades.

Una diferencia que veo entre máscaras psicológicas y virtuales es que las primeras suelen ser más bien inconscientes, fruto de años de «interpretar uno o varios papeles en la vida», y las virtuales totalmente conscientes, eligiendo concretamente consideremos que nos vean. La otra diferencia importante (y habrá más) es que las virtuales pueden ser mucho más opacas que las físicas. En el cara a cara, con una persona física, nuestras máscaras son como los antifaces, ocultan una parte y dejan ver otras. Podemos «leer» los ojos de la otra persona, su comunicación no verbal, lo que deja entrever, … Y en el mundo virtual el avatar puede ser tan diferente de nuestro ser físico que se pueda considerar una identidad diferente, uno de muchos álter egos.

¿Para qué tener tantas identidades? ¿No es ya bastante cansino pelearnos por mantener la integridad de una? Cada vez que se atenta o se ataca la identidad que hemos construido durante tanto tiempo, solemos sentir dolor, rabia, invasión, agresión y otras muchas manifestaciones nada placenteras. Somos quienes somos por las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestra vida y por los grupos a los que hemos ido elegirnos pertenecer (al igual que los que nos trajeron a la vida). Luego, de alguna manera, al tener varias identidades ¿se fragmenta la identidad única?, ¿se pierde el sentido de identidad como algo único?, ¿podemos caer en trastornos de personalidad múltiple?, ¿qué puede pasar?

Yo tengo mi opinión al respecto pero creo que es importante que cada identidad nos háganos testas y otras preguntas para decidir dónde queremos ir y cómo queremos ser.

Sí me viene a la cabeza la película Avatar. Intentaré no hacer mucho spoiler. Si quieres, salta al siguiente párrafo 😉. En esa película, los humanos eran los que tenían la capacidad que los hindús otorgan a los dioses de encarnarse en otro cuerpo. Pueden ser otro/a de una especie especialmente conectada con la naturaleza residente en otro planeta. Y uno de los protagonistas, con discapacidad motora por parálisis en las extremidades inferiores «lo flipa» por poder volver a mover las piernas, correr, saltar, etc.

¿Qué nos aporta un avatar virtual? Pues ser otro, hacer cosas que no se pueden o nos sería muy complicado hacer en nuestra vida física como volar, hacer piruetas, pegar tiros, jugar profesionalmente al fútbol, ser guapo/a, tener éxito, conocer gente, … (Podéis añadir aquí vuestros sueños o situaciones que os cubren las pantallas y el mundo virtual en el que todos estamos de una u otra manera)

Yo, desde pequeño he estado en contacto con los juegos de ordenador y las llamadas «maquinitas» donde podías experimentar estas «disociaciones» que, antes de esta era se hacían mediante los cuentos, las historias, los libros o los sueños (y que se siguen usando, por supuesto). ¿Qué ha cambiado? Que ahora son muuuucho más realistas (gráficos impresionantes, efectos de sonido, realidad virtual,…) y que son mucho más interactivos y personalizables por el usuario. En un mundo tipo Minecraft o Roblox (por poner dos ejemplos en los que podemos tener a los peques) pasan muchas cosas, algunas más estimulantes que las de nuestra propia vida. Y lo que se va haciendo/construyendo se va grabando, como en nuestra vida. Vamos construyendo un mundo y una identidad que puede ser más placentera y satisfactoria que la de nuestra propia vida real. Salió en las noticias que se iba legislar sobre la posibilidad de trabajar como «jardinero de Minecraft»… ¿Horrorizado/a? Bueno, os puse el ejemplo de la película Avatar como ejemplo de que todo esto no tiene por qué ser para mal. No creo que andemos lejos de un mundo en que los ciegos vean, los sordos oigan, los cojos corran y los paralíticos anden. Ese mundo ya existe y es el mundo virtual. Y ser eternamente jóvenes. Poder trabajar a distancia. ¿Qué es más virtual que el dinero? En definitiva, no podemos elegir qué rumbo tomar si no ponemos todas las cartas sobre la mesa y junto con todo el miedo que nos pueda dar perder la identidad física, creo que es bueno poner en valor todo lo que aporta y todo lo que aporta a nuestros peques que son los que están heredando este modelo de vida.

Hay ciertas cosas que he experimentado yo mismo en mis incursiones por los mundos virtuales. A ver si os suenan algunas:

– Sentir rabia y desesperación por haber perdido todo lo que había hecho/avanzado hasta entonces: por un fallo de la máquina o un maldito monstruo
– Sentir ilusión y alegría por un logro nuevo, por algo que nunca antes había conseguido
– Tener la cabeza llena de planes de mejora o cosas para hacer (virtualmente) y que se haga eterno esperar el momento de poder llevarlas a cabo
– Sentir la frustración de tener que abandonar esta segunda vida en el momento más interesante
– Pegarme unos buenos sustos por una aparición repentina o hacer las cosas con miedo por una atmósfera tenebrosa que te rodee o la dificultad de una acción a acometer
– Tener largas y apasionadas conversaciones con mis hijos sobre lo que nos pasa en el mundo virtual (a menudo más intensas que lo acontecido en el cole o el mundo físico)

Un común denominador es que las emociones también existen en el mundo virtual y, no diría nada extraño si afirmó que, además, funcionan como vasos comunicantes entre los dos mundos. Lo que siento en uno va a repercutir en el otro y viceversa.

¡Uf!. Aunque esto da para hablar largo y tendido, creo que va llegando el momento de ir aterrizando. Como siempre surge la pregunta: ¿Y con esto que hago? ¿Qué tipo de vida digital y física quiero para mí y para mis hijas e hijos?

Estoy convencido de que cada persona tendrá sus propias respuestas a estas preguntas. En el caso de querer una mayor presencia para ellos y para ti en el mundo físico quizás habría que empezar por dedicar tiempo, espacio y esfuerzos a experimentar placer y disfrute terrenal: afectos, naturaleza, miradas, calor de hogar, aventura, experimentación, contacto,… No se trata de impedir o restringir el inevitable acceso a los mundos virtuales sino de no perder la alternativa para cuando queramos desconectar y ser nosotros mismos, que una excesiva virtualización nos saque de nuestra esencia, de nuestro contacto con la naturaleza y de lo que es tal como es.

Los peques no son tontos y si obtienen la misma o mayor gratificación por una actividad física, no dudarán en elegirla. La pregunta es: ¿las podemos ofrecer?

En los pocos días que he podido prestar atención a esto en mi familia me he visto: jugando a un LOL casero. LOL es un programa de humor en el que los participantes tratan de hacerse reír entre ellos. Nosotros lo sacamos de la pantalla y lo hicimos nuestro. Fue muy divertido. Y otra: estuvimos de excursión por el campo y no hacíamos más que sacar similitudes con la exploración en Minecraft (vamos a subir a esa colina a ver lo que se ve desde allí, necesito un mapa, vamos a ver cómo de profunda es esa cueva, ¿qué puedo hacer con estos palos o piedras?,… Escuchar y ver que pueden disfrutar tanto o más que en el mundo virtual paralelo da cierta esperanza.

20. Sobre el Fortnite y otras guerras internas

Para el que no lo sepa, Fortnite es uno de los juegos «de tiros» más populares del momento. Los hay más violentos, los hay más sangrientos y, aún así, preocupa la cantidad de tiempo que pasan los jóvenes y no tan jóvenes matando a todo quisqui «hasta que solo queda uno».

¿Qué preocupa más? ¿El tiempo empantallados o la violencia en el juego?

De alguna manera este tipo de juegos deben proporcionar placeres que lo hacen adictivo. El Fortnite, además, te permite destrozar con saña casi cualquier cosa. Hasta la vibración del mando puede ser estimulante.

Estas cosas me cuestionan mucho. ¿Hasta qué punto necesitamos juegos o películas violentas para sacar la agresividad contenida que llevamos dentro? ¿Por qué hay tanta agresividad y competitividad? ¿Los juegos crean personas violentas o las personas agresivas buscan los juegos violentos?

En cualquier caso, aceptando la realidad tal y como es, podemos empezar a preguntarnos cómo nos afecta que un niño, o una niña, se pase las horas muertas en una realidad virtual, llena de emociones desenfrenadas. ¿Eres de las personas que no soportan este tipo de juegos? ¿Eres de las que necesitas sacar tu furia interna sin censuras morales?

Sea cual sea tu respuesta, esto no es blanco o negro. En cada persona los juicios funcionan de forma diferente según la historia particular de cada quien. Pero es una oportunidad valiosa para aprender de nuestromundo interior y nuestras guerras internas.

Los juegos de tiros hace ya años que existen. De hecho, ahora caigo, incluso antes de jugaba con escopetillas y tirachinas de verdad, de los que hacen daño físico. Ahora, sin embargo, el mundo virtual es tan impresionantemente realista que nos puede confundir y descontextualizar del mundo físico. Por ello, creo que es importante parar, dialogar y repensar por dónde queremos ir sin dejarnos arrastrar por la inercia.

Y, como siempre digo, este diálogo, los que tenemos hijos, lo podemos hacer con ellos. Hablar de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de las dudas, de cómo podemos autorregularnos, etc. También los colectivos de madres y padres, hablar, debatir, consensuar, buscar apoyos,… Y, cada uno con su individualidad y sus guerras internas, ver dónde se coloca y qué nos dice la agresividad, el enfado, los miedos, las dudas, las molestias, la desgana, la desesperanza,…

Todo esto me recuerda una película que vi hace tiempo: Demolition man. Violenta como pocas, creo recordar que poco sangrienta y futurista… Como Fortnite. Es antigua y ya salían temas como la excesiva virtualización, el control comportamental y la supervivencia de un grupo de disidentes que se aferraba «a la comida basura», al «contacto» y, en definitiva, a la libertad.

También es verdad que quizás, por la propia autorregulación de la vida, nos acabemos cansando de tanta pantalla y tanta ausencia de contacto. El aislamiento pandémico lo está acelerando aún más. Hace poco escuché a un chico de la edad de mi hijo mayor decirle a otro: ¿Y si nos bajamos las láser combat (pistolas láser)? Parecían cansados de móvil y consola y preferían llevar sus deseos de juego agresivo y competitivo al mundo físico… Quizás lo tangible no lo tenga todo perdido.

Y a ti, ¿qué te mueve con esto?

18. Jugar a las contraseñas

Hoy quiero dar un giro a mis post cambiando la reflexión por la práctica. La falta de tiempo y los quehaceres de cada día pueden convertir buenas intenciones en agua de borrajas.

Hace unos días, en mi familia, surgió espontáneamente un juego. A partir de escuchar una noticia en la radio hablando de los requisitos que debe cumplir una contraseña segura empezamos a cuestionarnos si las nuestras lo eran y, después, nos pusimos a crear unas más fuertes, robustas y fáciles de memorizar.

Gracias a este «juego» dispusimos un buen momento de compartir miedos y preocupaciones (me da miedo que nos timen, que hackeen nuestras cuentas, los peligros de Internet…); un buen momento para fortalecer vínculos (somos una familia y en esto queremos estar unidos); un buen momento para trabajar la creatividad y escuchar lo que pasa por sus lindas e imaginativas cabecitas. De algo tan sencillo, nos llevamos todos mucho.

El juego es muy sencillo. Se trata de buscar contraseñas seguras que cumplan la mayoría de los siguientes requisitos:

– que tenga más de 8 caracteres.

– que tenga letras, mayúsculas y minúsculas, números y caracteres especiales o signos de puntuación.

– que no contenga palabras del diccionario ni nombres propios.

– que no coincidan con otras contraseñas de otras cuentas.

– y lo más importante: que sean fáciles de memorizar para no tenerlas que apuntar en ningún sitio.

Y por si necesitáis algún empujoncito para dar rienda suelta a la creatividad, aquí van algunas sugerencias:

– inventar palabras mágicas inexistentes, escoger una frase famosa o que nos guste y quitarle las vocales o las consonantes, sustituir letras por números que se les parezcan (1=I, 4=A, …), sumar una letra a cada letra, poner una palabra al revés, … Y, sobre todo, utilizar varias técnicas para que sea más difícil de romper.

Algunos ejemplos: Em_p4n_t4_d@s (empantallados), ls101dlmts.crr (los 101 dálmatas correo), Agrimus&Manticus18! (Palabras mágicas inventadas)

Y luego viene un tema importante: ¿Qué hacemos con ellas? Familiarmente hay que decir qué contraseñas deben ser compartidas y cuáles no. Las contraseñas están relacionadas con la intimidad. Habrá una intimidad intrafamiliar y una intimidad de la familia con los de afuera. Y también con la autonomía: las contraseñas de los hijos las deben saber los padres en proporción al grado de autonomía que se les va concediendo.

En fin, ¿no os parece que algo tan sencillo da mucho juego? Y el juego es la mejor vía de aprendizaje e interrelación.

Ya me contaréis qué tal vuestra experiencia. Os dejo también un juego tipo trivial sobre ciberseguridad que me acaba de llegar:

https://www.microsiervos.com/archivo/seguridad/trivial-de-la-ciberseguridad-gratis-pdf.html

Disfrutad y aprender…

Capítulo 2. Los retos

¿Quién no ha jugado en la más tierna infancia o adolescencia a un reto? Los había de todo tipo: juegos como «verdad o prenda», origamis que te lanzaban preguntas aleatorias, el de la botella giratoria, y aquellos retos en los que tenías que mandar una carta a no sé cuánta gente.
Internet pone el tema de los retos bastante más fácil, accesible y, ademas, más peligroso por el anonimato de los autores y por lo rápido que se propagan. También os los podéis encontrar bajo el nombre de challenges.
Seguramente habréis escuchado de algunos que han provocado suicidios, alteraciones psicológicas de diversa gravedad, o que son utilizados para el robo de información personal (Momo, la ballena azul, balconing, etc.) Si os atrevéis a conocer una tanda de los más escalofriantes, podéis consultar en este  enlace, o podéis ver webs donde se pueden crear cuestionarios para pasar a las amistades: quizyourfriends.com o ask.fm.
Pero no todos son tan peligrosos. Los hay muy cándidos e inocentes sobre si te gusta tal o cual chico o chica, tal grupo de música, tal deporte, etc. probablemente orientados a hacer grupos de iguales y/o empezar la fase de ligoteo. Me viene a la cabeza la imagen de Marty, de Regreso al Futuro, cuando cada vez que le llamaban gallina no se podía contener y hacía hasta la locura más disparatada con tal de no ser marginado.
Los retos o challenges tienen algo de eso. ¿Qué ocurre cuando uno no los pasa? Ser llamado gallina casi es lo de menos, puede conllevar exclusión o marginación dentro de un grupo de iguales. En general, la forma que tiene el colectivo adolescente de ir forjando su identidad es identificándose con otros grupos fuera de su familia.
Los retos, pues, unen, hacen piña, nos hacen sentir especiales para alguien, nos da un sentido de pertenencia. Es importante saber  lo que aporta esto de los retos a cada persona para no acabar dictando una prohibición tajante que deje al niñx aisladx y sin recursos. Yo, detrás de los retos, veo la necesidad de hacer grupo y empezar a explorar lo que piensan tus amigas y amigos. Debe ser sorprendente apreciar las diferentes respuestas que pueda dar cada quien a un mismo reto o pregunta. Aunque pueden existir muchos más motivos (os invito a investigar tus propios motivos y los de la gente que te rodea)
Resumiendo: si bien todos los retos no son peligrosos, muchos de ellos van a forzar al joven o a la joven a «elegir» entre las normas morales de su familia y las del grupo, o incluso, a poner en juego su integridad física para pertenecer a un grupo (ahora me viene a la mente el tema de las novatadas que tienen más o menos la misma razón de ser).
Y aquí voy a ser yo el que os ponga un reto para pertenecer a esta red de mpadres intranquilos y preocupados por el alcance de las tecnologías en nuestras vidas y las que nos suceden:

Plantea un reto sencillo para hacer en familia. Al conseguirlo, plantea uno más complicado o, incluso, peligroso. Mirad cuál es la reacción de cada uno… ¿qué se está dispuesto a hacer para pertenecer a la familia? Esto puede llevar a un diálogo espontáneo sobre los retos. Hasta dónde se puede llegar, hasta dónde conviene llegar. ¿Qué se pierde cuando uno no realiza un reto? ¿Qué se gana? ¿Se puede ganar una amistad sin tener que aceptar un reto? Hacedlo y, por supuesto, podéis compartilo para que todos podamos aprender.

Por último, si, para ti, toda prudencia es poca y quieres estar al tanto de los retos absurdos y peligrosos que vayan surgiendo para poder detectar comportamientos extraños en la persona o personas que cuidas, puedes suscribirte a listas de difusión de esta información como la que ofrece Gaptain.com en
¡Hasta la próxima!