Desgraciadamente el bullying se da en mayor o en menor medida en la mayoría de los ámbitos de la vida como un mecanismo psicosocial de ciertos grupos ya sea buscando hacer grupo, dando poder a un líder o a unas ideas, o como medio absurdo de diversión cuando no hay suficiente creatividad para encontrar formas saludables de relación y ocio. En Internet el ciberbullying es en cierta forma más difícil de detectar, pues muchos círculos y grupos de comunicación o participación son privados e inaccesibles a una posible autoridad que pueda reconocer el acoso y tomar medidas. Esto implica que, con más razón que en el bullying físico, las personas de dentro del propio grupo son las que tienen que hacer de defensoras del acosado o acosada denunciándolo a las autoridades competentes, según el caso. No me voy a enrollar mucho acerca del ciberbullying pues hay ya mucho escrito y que podéis acceder y documentaros por la red. Os dejo un artículo que creo que es sencillo y va al grano: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/recomendaciones-tecnologia/ciberbullying-ciberacoso/
Como madres y padres podemos encontrarnos tres situaciones en las que pueden caer nuestras amadas criaturas: que sean acosadores, acosados o testigos. Y viendo las estadísticas y el ritmo que lleva la tecnología, es muy probable que tarde o temprano caigan en una de las tres. Vamos a verlas por partes:
– Tengo un hijo o hija acosador/a: quizás algo de responsabilidad podemos tener (no haber estado suficientemente atentos, presentes, disponibles, acompañando y apoyando, …) pero no sirve de nada sentirse culpable. Lo importante es actuar con lo que hay. Atender las conductas acosadoras como cualquier otro tipo de conducta delictiva y buscar ayuda profesional. No solo el acosado la necesita.
– Mi hija o hijo está siendo acosada/o: sobre todo apoyar y desculpabilizar. A menudo el acosado puede creer que lo que sucede es por algo que ha hecho o dejado de hacer y que es un acoso ‘justificado’. Pero también hay que denunciar y nunca devolver mal por mal. Existen protocolos para prevenir el bullying en general que deben ser activados, normalmente a partir de una denuncia.
– ¿Y si es un espectador? Ya en 1968 se hicieron estudios acerca de un fenómeno que denominaron efecto de la difusión de responsabilidad a partir del caso del asesinato de Kitty Genovese (http://www.psicologiaalainversa.com/2016/09/Kitty-Genovese-Difusion-de-la-responsabilidad.html). Básicamente consiste en que cuanto más testigos haya de un delito más de difusa se vuelve la responsabilidad de quién debe denunciar el hecho. Si solo es una persona, está claro que ésta sentirá como su deber y responsabilidad hacerlo. Pero cuando hay varios suele aparecer la idea difusora de «ya lo habrán denunciado o que lo denuncie otro/a». Y así es como los acosadores o delicuentes pueden quedar impunes. Así que toca hablar y dejar claro que el que calla otorga, que es mejor que denuncien todas y todos a que no denuncie nadie y que este tema hay que atajarlo de raíz en cuanto se observe cualquier atisbo de acoso, alejando las típicas expresiones de «son cosas de niños/as», «quién no ha sufrido algún tipo de acoso de pequeño/a»,»no es para tanto, hay casos mucho peores», … porque se puede ver cómo está siendo el acoso, pero nunca podremos saber a ciencia cierta el posible efecto que se está causando a la víctima.
No sé si os habréis dado cuenta, pero este post ha sido bastante más explícito e incluso directivo sobre lo que hay que hacer. Pasa como en casa, que hay normas que se pueden negociar y construir conjuntamente con nuestras hijas e hijos y otras que no, pues son los límites del respeto y la convivencia. Esto me sirve para haceros también una propuesta de diálogo o reflexión: las normas y los límites en el uso de la tecnología y, para este caso, podemos consensuar como condición para el uso de los medios tecnológicos el cumplimiento de unas mínimas normas ante el ciberbullying: qué hacer y qué no hacer en una hipotética situación. Ya lo dice el refrán, más vale prevenir que lamentar.
