A diferencia de lo que ocurría unos años atrás, la presencia de los videojuegos en las nuevas familias no es nada nuevo pues hay experiencia previa, es decir, madres y padres de hoy hemos sido video-jugadores durante la infancia, al menos muchos de nosotros. Sin embargo, el contexto ha cambiado en algunos aspectos fundamentales: en la variedad, la portabilidad y la gratuidad de muchos de ellos (aunque, a veces, con pagos encubiertos).
Los primeros videojuegos requerían una máquina grande y fija como un ordenador, una consola con su televisor o una máquina recreativa. Los juegos eran pocos y se compraban (o pirateaban) para jugarlos una y otra vez. También empezaron las maquinitas y consolas portátiles que fueron la antesala a los juegos en los móviles. Nos podemos preguntar por qué si los videojuegos llevan tanto tiempo en funcionamiento, por qué ahora empezamos a preocuparnos por la adicción y abuso de los mismos. En mi opinión, hay dos razones fundamentales: el hecho de que sean multi dispositivo y que estén por todas partes: en el móvil, en la tableta, en los ordenadores, en los televisores inteligentes, ¡hasta los navegadores web nos permiten jugar cuando no tenemos conexión! ¿Conoces el dinosaurio de Chrome o el ski de Microsoft Edge? La consigna está clara y está ligada a la segunda razón: no podemos aburrirnos, la estimulación de los centros de placer y deseo es clave para reclutar adeptos a los videojuegos. Los cobros ya no serán por adelantado sino a posteriori: datos de la persona, contenidos premium, pago por ayudas o beneficios extra, suscripciones o directamente y ver publicidad, que es también una forma de pago. Una vez que la persona está enganchada, lograr que realice algún tipo de desembolso o cesión de datos es más fácil.
De fondo no veo yo una malicia específica por crear adictos sino, como ocurre con otros negocios, sufrimos una búsqueda de modelos de negocio en feroz competencia, por la cual buscan fidelizar la clientela ofreciendo productos lo más estimulantes posibles.
En artículos anteriores he advertido mucho de los peligros y cuidados que hay que tener a la hora de ir introduciendo a nuestros hijos en el mundo digital. También hay ya muchísima literatura acerca de la importancia de hacer un uso responsable de las tecnologías, tanto peques como adultos. Por ello, quería enfocar este post desde otro ángulo:en cómo sacarlas partido, cómo podemos aprovechar las potencialidades de los videojuegos en el desarrollo psicológico y motriz de los niños.
Para adaptarnos al mundo digital presente y futuro no queda otra que aprender mediante el uso de herramientas digitales. Es difícil aprender a montar en bicicleta sin una bicicleta. También, con la tecnología, cuanto más se ejercita o utiliza, más y mejor se domina.
Las competencias digitales se pueden adquirir directa y formalmente con un curso específico o transversalmente, es decir, mientras se aprende o se utiliza otra cosa. Esta última forma de aprender se da cuando estudiamos o leemos a través de un dispositivo electrónico, o cuando nos relacionamos por una red social por Internet, o cuando jugamos a un videojuego. Las competencias digitales abarcan desde lo motriz (mover un ratón físico o una mouse-pad, la mecanografía tradicional o a uno o dos dedos para el móvil, la velocidad de escritura o pulsación en los juegos, la atención ocular a lo relevante entre los cientos de estímulos recibidos, etc.), lo cognitivo (conocimientos digitales como encender, apagar, iconografía y su significado, procedimientos para realizar una acción, copiar-pegar, hacer un bizum, mejorar una foto, reenviar contenido, etc.), orientación espacial (según sea un juego o programa en dos dimensiones o en tres dimensiones) e incluso lo emocional (emoticonos, detección de la emocionalidad de un mensaje , etc.)
Y, al revés, transversalmente, mientras se juega se están aprendiendo: valores (y contravalores), historias, comportamientos (aceptados y no) y prácticamente cualquier tipo de conocimiento.
Hoy os voy a hacer un análisis desde un punto de vista constructivo sobre cómo poder sacar el máximo partido educativo, psicológico y social a un juego muy extendido entre los usuarios de PC y consola: Minecraft.
En pocas palabras, Minecraft es un juego que básicamente trata de crear objetos (craftear en jerga de los jugadores) a partir de materiales que has «minado» anteriormente (o conseguido de varias formas posibles: cazar, pescar, esquilar, ordeñar, …).
Es un juego que se puede jugar individualmente, pero también con otros jugadores, en el mismo dispositivo o conectados a Internet y se puede jugar en modo aventura o modo creativo. De hecho, entre los jugadores se ha extendido la idea de que hay diferentes tipos de «personalidades» prototípicas en un jugador de Minecraft:
- El builder o constructor, que se dedica a construir grandes estructuras. Para ello ideará planos, combinará materiales y buscará un acabado estético y agradable. Frecuentemente enseñará su creación final a sus seres queridos como quien enseña un dibujo o cualquier manualidad.
- El aventurero/a. El juego está lleno de retos, objetos difíciles de conseguir, zonas rellenas de enemigos, e incluso el propio juego está esperando que derrotes a un dragón en la tierra de End (final). El mundo Minecraft es infinito y casi infinitas las posibilidades de exploración. Además, cada cierto tiempo sacan nuevos retos para que nadie se aburra de explorar.
- El experto de redstone. Es el rol de ingeniero, la piedra roja vendría a ser como los cables y los circuitos electrónicos. Con «redstone» se puede programar, se pueden crear mecanismos y máquinas que funcionan a distancia o con tecnología solar.
- El superviviente. ¿Qué haríamos si estuviéramos solos en una isla desierta? Pues partiendo de lo básico, conseguir alimentos y buscar la protección de un hogar (cueva, casa o castillo) y se armarán hasta los dientes para protegerse de las criaturas de la noche: esqueletos, zombies, arañas y muchos más.
- El creativo. Parecido al constructor pero con todos los materiales disponibles en tu mano, no tienes que conseguirlos, solo utilizarlos. El mundo Minecraft está creado para construir en cubos, de un modo muy parecido a lo que podrían ser las piezas de lego o aquellos juegos de construcción a los que jugábamos de niños. Cada bloque es de un material y tiene una textura característica y se pueden «tallar» de diferentes formas, todas muy cuadrangulares pero que, con un poco de creatividad, se pueden conseguir formas muy logradas, incluso circulares al ojo humano.
Cada uno de esos roles ofrece unos potenciales aprendizajes. Si tu hijo/a, sobrino/a, nieto/a o paciente juega a Minecraft, haz que se le suelte la lengua preguntándole qué rol le gusta más y cuáles son sus últimos desafíos o retos en el juego. El juego ha evolucionado tanto que existen hasta profesiones dentro del juego: creadores de contenido, constructores, cuidadores de huertas o jardines… (¡a sueldo real!).
Como todo juego, Minecraft puede llegar a ser muy adictivo y debemos asegurar un uso adecuado del mismo. Os paso algunas ideas:
- Trabajar el vínculo familiar. Si te gusta jugar, juega con ellos. Si no, mírales jugar de vez en cuando o pregúntales qué han hecho o pretenden hacer. Fomenta el diálogo aprovechando su motivación y debatir sobre valores y contravalores en lo que hacen.
- Trabajar la colaboración. Si juegas con ellos o si son varios hermanos, que jueguen juntos y colaboren, que se repartan los roles: uno conseguir materiales, otro construir, otro defender a los demás o explorar. Si están solos y conocen amigos o familiares en línea, ayúdales a que conecten. Mejor conocidos que jugar con extraños, dependiendo de la edad.
- Reforzar la creatividad. Dar importancia a sus creaciones digitales como se las damos a las materiales. Necesitan sentirse mirados y valorados en lo que les motiva.
- Si no se les ha ocurrido a ellos, proponerles diseñar primero sus creaciones en papel: ¡se pasarán horas haciéndolos! Incluso creando aventuras, o escape-rooms o retos para otros.
- Y ya como extra, si un día podéis visitar un museo minero o de cualquier otro tipo para ver cómo es en realidad el mineral de hierro, el oro, el carbón,… En definitiva, no desaprovechar la motivación que un peque expresa sobre algo para enseñar más allá: valores, emociones y otros aprendizajes vitales de la vida. En Minecraft se puede trabajar con la tolerancia a la frustración pues puedes perder en segundos lo que te ha costado horas conseguir. Y yo he llegado a ver pelearse (verbalmente) porque uno robó una patata a otro… (como la vida misma). Todo son motivos para construir un modelo social y de convivencia a través del juego, casi sin que se den cuenta.
Con todo, Minecraft tiene unas cuantas contraindicaciones que debemos vigilar. Creo que son evitables siguiendo unas pautas:
- Como ya os he comentado, es un juego infinito: tamaño infinito, tiempo infinito, materiales y retos en continua creación, tutoriales e información adicional abrumadora,… Por tanto, el límite lo pones tú, adulto. Lo mejor es marcar un tiempo de juego y avisar unos minutos antes de su finalización. El momento de la desconexión puede acarrear malestar y frustración si no se ha culminado su propósito, por ello es deseable cierto acompañamiento (preguntar qué es lo que ha hecho, qué le ha salido bien, qué le ha salido mal, mientras se va animando a cerrar el juego).
- Procurad que no sea el único juego. La variedad es importante.
- Evitar los modos sociales e interactivos si son menores de edad. Nunca sabes lo que te puedes encontrar.
- Menores de 10 años, juega con ellos. Aunque los monstruos son muy inocentes y casi achuchables, pueden dar miedo sobre todo en escenarios oscuros y tenebrosos. El juego tiene un PEGI de 7 años (si no sabéis lo que es PEGI, ya lo explicaré en otro post) y los principales motivos son la violencia (matar animales, monstruos y/o otros jugadores) y la posibilidad de interactuar con extraños si está habilitado. También hay compras en el juego para extras.
- Y, como en cualquier juego, primero la obligación y después la devoción. Si para pasarte Minecraft derrotando al dragón primero tienes que aprovisionarte de comida, después contar con un lugar seguro, y crear tu armamento, pera poder jugar, primero tienen que estar hechas las tareas de la escuela y de la casa, ¿obvio no? 😉
Me vuelto a alargar. Lo dejo aquí y seguimos en comentarios, si queréis. Si os interesa un análisis de este estilo de un juego en particular, no dudéis en escribirme. Los iré intercalando con otras cositas de interés. ¡Disfrutad de la aventura de vivir física o virtualmente!