V . Sexting

Para los que desconozcáis la palabreja, deciros que con sexting nos referimos al envío de contenido o archivos digitales de tipo sexual, ya sean propios o ‘robados’. El nombre viene de ‘texting’ (chatear), por lo que podríamos traducirlo algo así como «chatear con contenido sexual explícito». 

Esta forma de relacionarse está siendo algo frecuente y visto como normal entre los más jóvenes ¿Para qué lo hacen? Según un estudio cuyos detalles podéis encontrar aquí:(https://www.magisnet.com/2019/07/los-menores-ven-el-sexting-como-normal-y-parte-de-las-relaciones-romanticas/) las chicas suelen contestar que hacer sexting les hace sentirse corporalmente mejor (¿más sexis?) y que les ayuda a crear intimidad entre dos personas. Los chicos, sin embargo, suelen contestar con un «porque sí».

Como soy de los que piensan que las conductas actuales suelen ser réplicas de las de antaño solo que con otros recursos, me parece que la necesidad que se esconde detrás es muy parecida al flirteo de guiños y miradas, las ropas cada vez más ajustadas y escuetas, etc. Obviamente, el peligro que esconde hacer sexting es infinitamente mayor que el de enseñar más o menos «carne» en la calle, discoteca, playa o gimnasio. Pero quiero quedarme con la necesidad o motivación de las y los que lo practican para poder encontrar un punto de diálogo y de actuación antes de ponerse manos a la obra de atajar la problemática derivada del sexting.

Me parece que detrás del sexting está, para algunas personas, el deseo de sentirse valorada y estimada, y de gustar a la persona que te gusta (muy en consonancia con las inquietudes juveniles y adolescentes). Por otro lado, otras personas, lo pueden usar por morbo y/o placer aprovechando una tecnología que permite las relaciones privadas individualizadas y casi a cualquier hora y en cualquier lugar.

También hay otra posible historia: cuántas veces no habremos visto en una película: chica conoce a chico, queda enamoradísima de él, se acuestan como acto de entrega total y declaración de amor sin límites, luego el chico, que no siente lo mismo, «si te he visto no me acuerdo». Esta historia, que seguro que es algo habitual, se puede reproducir con sexting siendo cada participante mucho más joven: chica chatea con un chico que le gusta, chico le pide una foto o vídeo de partes íntimas como prueba de su amor, chica se lo envía y chico… (cada quién que interprete lo que se puede hacer con una foto o vídeo comprometido, pues casos ya han salido a la luz).

Los peligros, por tanto, son infinitos, desde bullying, extorsión, que se acabe haciendo pública o viral la foto o el vídeo,… Y las consecuencias sociales y psicológicas que puedan derivar, otras tantas: pérdida de amistades, conflictos, baja autoestima, depresiones, suicidios, etc.
Y la pregunta es: ¿cómo podemos encarar el tema del sexting si éste está visto como algo intrínsecamente ligado al romanticismo del siglo XXI? Cualquier comentario relativo a la peligrosidad del mismo puede hacernos ser tildados de carcas y antiguallas. Ni que decir tiene de hablar de las bondades de unas flores, una carta romántica o un verso erótico, ¿por qué no?

Por ello, considero muy importante no perder de vista el gran poder que tiene el enamoramiento, que es capaz de conducir a la gente a realizar las más dispares locuras… y, encima, estar bien vistas. Por amor, se emborracharán, conducirán a lo loco, se meterán en peleas, se suicidarán… Teniendo esto en cuenta, el sexting sería solo un peligro más, que creo que habría que abordar de una manera similar a estos desafíos que se presentan íntimamente ligados a la adolescencia y a la juventud. 

¿Habéis hablado ya de temas como el sexo, las drogas, los peligros de la calle, …? He aquí un nuevo reto, hablar y tratar de recoger confianza a partir de sembrar apoyo. ¿Cuál puede ser el equilibrio entre autonomía/libertad y seguridad/control? Ahora es vuestro turno…

1. Trolls

Realmente se llama troll a una persona que se dedica a trolear (del inglés to troll). Por tanto, aunque ahora le pongamos cara y conducta de la mítica criatura literaria de tan feo aspecto, realmente se refiere a individuos que echan el anzuelo y consiguen que la gente «pique«.

Se trata de personas que adoptan una actitud incendiaria en grupos, foros, chats y, en definitiva, en cualquier sitio donde puedan escribir de una forma segura y anónima. La seguridad y el anonimato es imprescindible para llevar a cabo una conducta que seguramente no podrían realizar cara a cara. 

Es muy importante saber y comprender que la «diversión» del troll consiste en «calentar» al personal, por tanto, cuanto más provocativa sea su intervención más fácil le será lograr su objetivo. No es necesario que su argumento tenga argumento, ni que sea veraz, ni razonable, probablemente no sea sincero ni respetuoso e irá dirigido a donde más duele de la audiencia potencial.

Podéis conocer más sobre los trolls y sus tipos en este link.

Y nos podemos preguntar, ¿para qué lo hacen? ¿podemos estar seguros dejando a nuestras hijas o hijos chatear o utilizar espacios virtuales y que les asalten con desafíos, insultos o vejaciones? Si nos vamos al mundo físico, tenemos también el perfil del chinchilla, la persona que se dedica siempre a llevar la contraria y a desafiar a todo el mundo (aunque normalmente de forma más respetuosa o bromista). Pasa que en Internet no podemos saber si la persona va en serio o no porque nos perdemos el lenguaje no verbal. ¿Quién puede necesitar divertirse de esta forma?

Pues muy en la línea de todo el colectivo conflictivo que solo es capaz de disfrutar haciendo daño moral o físico a los demás. Hay una necesidad de relacionarse de esa forma pues no deben encontrar otra más saludable y respetuosa. O simplemente no quieren hacerlo por estar en guerra con el mundo o con los que no opinan como él. Inevitablemente, tarde o temprano nos vamos a encontrar con un troll y nuestra hija o hijo también. Luego es bueno conocerlos y saber de antemano cómo vamos a actuar cuando nos encontremos con uno.

En el enlace que os he puesto antes vienen algunas sugerencias: «no alimentar al troll» (es decir, no contestarle por muy agraviados que nos veamos), denunciar en la web o a la policía si procede, o devolverle bien por mal (pedir disculpas y abandonar la conversación). 

RETO:

Os reto a hablar con vuestra hija o hijo sobre los trolls. Preguntadle si saben qué son. Da igual, seres mitológicos o boicoteadores de Internet. Que se abra un espacio de diálogo sobre Internet y acabar decidiendo qué hacer si nos encontramos con alguno.

Luego, nos lo podéis contar, compartimos y reflexionamos…