27. Mi adiós a Facebook

Llevo ya un tiempo para escribir este post, porque lo que he querido hacer con especial cuidado de cara a las repercusiones que pueda tener para mí y para aquél que lo lea.

Tras una importante reflexión y lucha interna he decidido dejar Facebook e intentar hacer un experimento social y psicológico conmigo mismo del que podéis ser partícipes los que me leéis. 

Escojo Facebook por ser la red social que más consulto descontando la mensajería. Lo que cuento puede hacerse extensible a cualquier otra red social en la que se den las siguientes circunstancias que me motivan a dar este paso:

1. Tras realizar un seguimiento de mi tiempo de uso, a través de una aplicación de control del tiempo, observé resultados descorazonadores como un uso promedio de 42 minutos diarios, desde que lo controlo, que conseguí reducir a algo menos de 20 minutos en el último año. Y picos de más de 4 horas, en mi cumpleaños, por ejemplo. Me da la impresión que la mayor parte del tiempo que he pasado en la aplicación lo he dedicado a leer «morralla», más que contenido útil, deslizando el dedo por publicaciones y publicaciones hasta dar con alguna cosa, entre miles, que me llame la atención.

2. Siendo padre, creo que no es el mejor ejemplo que dar para mis hijos. Facebook, como muchas de las aplicaciones interactivas restan atención a lo físico sobre lo virtual. No es algo que quiera seguir transmitiendo.

3. En mi caso, también me generaba cierta adicción y necesidad de abrirlo. Malestar y sensación de vacío si no lo consultaba. A veces, como un movimiento automático no consciente ni intencionado.

4. Curiosamente, una red social puede llegar a rodearte de gente que vive lejos y alejarte de los que tienes cerca. Saber historias y anécdotas de los de lejos (y de los que apenas conozco) y no saber qué le pasa al que tengo al lado.

5. También me crea la ilusión de estar a la última, de estar bien informado y no es así. Ni me entero de todo y de lo que me entero es fruto del azar o de los sesgos informativos que se producen por la selección automática de contenidos.

Esto requiere un poco más de explicación: cuando damos un like o interactuamos con una aplicación, los algoritmos informáticos nos colocan en un perfil de «consumidor» o «pensamiento». Ese perfil atrae contenidos, publicaciones y publicidad afín a ellos. Hasta ahí puede estar bien, pues solemos preferir leer lo que nos interesa. Pero, a la larga, se produce un sesgo informativo, una polarización en las ideas y las de mi grupo de afines. Es fácil creer que lo que te cuentan es lo que piensan todos y se pierde la perspectiva de otros puntos de vista. La consecuencia de esto están siendo tantos grupos de pensamiento y creencia tan agresivos que luego ocasionan graves conflictos, estigmatización, falta de respeto y violencia en diferentes contextos.

Nos polarizamos ideológicamente, ignoramos las realidades de los que no están en nuestras redes cercanas, vivimos condicionados por la influencia mediática de los algoritmos.

6. ¿Y qué decir de los sesgos sobre la vida de los demás? Muchas veces solo vemos lo bonito: sus viajes, sus logros, … o lo más negativo: muertes, dificultades, pérdidas, … creando un estado de confusión sobre cómo es la vida, pudiendo llegar a creer que la vida es como nos la pintan las redes sociales. Sufriendo por no tener lo que muestran ostentosamente otros, o por no tener tantos amigos, o por estar en riesgo de sufrir las penalidades de los demás.

7. Y es que, la información no viaja libremente al antojo del autor. Yo puedo escribir este y otros posts y darme cuenta que mi audiencia no es la que quiero, si no la que quieren. Si tienes la suerte de estar leyendo este mensaje, estás de enhorabuena, no siempre es así. Solo un porcentaje lo leen y el mensaje probablemente se perderá entre los cientos y miles de posts de la red social. Hoy está vivo y mañana es basurilla. Las redes sociales nos sumergen en el mundo de la inmediatez y de lo efímero. 

8. Ansiedad por el like. No me suele suceder, pero después de algún posts «currado», me surge una especie de necesidad de reconocimiento en forma de Likes. Con las correspondientes reentradas para ver a quién ha gustado y a quién no. Todo muy falso, pues como he dicho antes, los posts no se publican de forma uniforme ni llega a todos tus «amigos».

9. Además, Facebook no hace esto altruistamente. Lo hace porque genera unos beneficios que difícilmente podemos atisbar. Damos contenido (lo más valioso de nuestras vidas) para que otros se lucren de ellos.

10. Y, por no alargar esto mucho más, cerraré con algo que considero bastante importante para mi: leer Facebook me resta energía. Es sutil, es casi imperceptible. Os invito a hacer el siguiente experimento y que me comentéis vuestra experiencia para enriquecer la mía. Quizás algún día haga alguna investigación sobre ello. El experimento consiste en lo siguiente:

Toma de referencia un día cualquiera, preferentemente a última hora de la tarde o, para los nocturnos, terminando tu día laboral. Permítete sentir el cansancio del día y lo que te pueda apetecer sentarte o tumbarte un poco a «surfear» por Facebook. Permítete sentir que te apetece saber de la gente, enterarte de lo que pasa en el mundo, reírte un poco, o lo que sea. Pensar que ello te descargará de las tensiones del día y descansarás de cara a lo que queda de él. Finalmente, tras un rato usando Facebook (o cualquier otra aplicación), vuelve a observar tu cuerpo, tus sensaciones. ¿Cómo estás? ¿Más fresco o descansado? ¿Igual? ¿Más cansado?. Curiosamente, mi búsqueda del descanso en el surfeo a mí me conlleva más cansancio. Si os pasa, hay una buena explicación al fenómeno: el cerebro sigue activado. Las redes sociales, como gran parte de la tecnología, hacen mucho uso del cerebro y éste es un gran consumidor de energía. El acto de pensar es como hacer ejercicio físico, consume energía y cansa. Sobre-activar el cerebro puede llegar a ser más agotador que una sesión de gimnasio. Cuando pretendemos descansar, realizar actividades estimulantes puede ser contradictorio. Esta es mi experiencia. ¿Cuál es la tuya?

Esta lista de razones y motivaciones fortaleció mi intención de dejar Facebook. Sin embargo, vinieron las dudas, la constatación de los grilletes que me impedirían tal libertad.

Entre ellos:

– ¿Qué pasa con aquellos amigos, amigas y contactos que solo tengo en Facebook? ¿Les perderé para siempre? ¿Perderé la posibilidad de un encuentro casual que nos permita retomar nuestra amistad o beneficiarnos de algún servicio, evento o negocio?

– ¿Podré prescindir de no enterarme de tantos eventos interesantes, sucesos y acontecimientos? ¿Seré un incomunicado social? 

– ¿Y dejaré de enterarme de las fechas importantes y los cumpleaños que tanto me vinculan con ciertas personas aunque sea para recordarles, una vez al año, que me acuerdo de él o ella?

– ¿Y qué hay de la visibilización de lo que hago, de lo que consigo, de lo que ofrezco? ¿No podré publicitar talleres, aportar conocimiento, promover debates y reflexiones?

– Y dejaré de leer chistes tan graciosos, memes desternillantes, acertijos que me mantienen mentalmente ágil, …

Si nos paramos a pensarlo, no es una decisión fácil. La pérdida es grande, el sacrificio y el riesgo de desconexión importante. Estoy atrapado. ¿Estoy atrapado?

Ya dije que no me fue fácil componer este artículo y mucho menos tratar que sea algo riguroso, serio y auto-aplicable. Y aplicable por quien quiera en aras de disponer de salud digital. En todos los artículos que he ido publicando he insistido en que tras todo uso de la tecnología suele haber una necesidad subyacente que se busca satisfacer. Realmente es detrás de cada conducta, pero para la tecnología también vale.

Por tanto, la mejor forma de dejar o reducir el uso excesivo de cualquier producto, léase ahora Facebook, es cubriendo las necesidades subyacentes de forma alternativa.

En las siguientes líneas voy a tratar de buscar una forma de hacerlo y, de aquí en adelante, toca tratar de ponerlo en práctica. En mayúsculas pongo la necesidad y, a continuación, una posible forma alternativa de satisfacerla:

1. NECESIDAD DE INFORMACIÓN. Facebook no es la única fuente de información. Hay infinidad: revistas, libros, webs especializadas, … Cambiar la forma de obtención de información de pasiva (otros deciden qué es lo que tengo que leer) a activa (yo decido proactivamente qué quiero leer) me hará más sabio, más flexible y dispondré de mejores puntos de vista.

2. CONTACTO. Exportar la lista de contactos a otro almacenamiento o dispositivo. Esforzar por contactar por otros medios: teléfono, videoconferencia, quedada, carta, regalo, …

3. FELICITAR Y SER FELICITADO. Aunque Facebook es muy cómo para conocer y recordar cumpleaños, siempre se puede recuperar la lista y guardarla en otro calendario o agenda. Más trabajo y más personal. Confiar en la reciprocidad de las felicitaciones.

4. RECONOCIMIENTO LABORAL. Otras vías de publicidad, boca a boca, más personal.

5. SER CONTACTADO / ENCONTRADO CON FACILIDAD. Yo creo que no será un fracaso si se deja la cuenta viva de Facebook con un enlace a otros perfiles o formas de contacto (web, email, …) o si se consulta con una periodicidad muy limitada (hablo de una vez al mes o al trimestre como poco). Confiar que el que quiera, te va a encontrar…

6. SABER LO QUE SE HABLA / SE DICE DE MI. Aceptar que lo que se dice de ti es como lo que se habla de ti a tus espaldas, no es controlable y nunca lo será.

7. REÍR. Facebook no es la única fuente del humor. Se puede buscar el humor en otras partes, físicas (teatros, espectáculos, monólogos, …) y virtuales.

8. COMPARTIR MIS REFLEXIONES. Seguiré, mientras tenga tiempo y motivación, publicando en mi wordpress. Al que le interese me seguirá y podrá seguir siendo partícipe de mis reflexiones. ¿Dónde? Pues en este mismo blog de wordpress.

¿Es necesario que todos nos salgamos de Facebook? Por supuesto que no. Mi intención con este artículo no es más que poner conciencia en lo que sucede o puede suceder. Para poder valorar con un poco más de rigor qué nos aporta y qué nos quita. Yo, particularmente, seguiré teniendo mi cuenta activa pero para ser utilizada de forma proactiva cuando necesite alguna información y no de forma pasiva por costumbre o rutina. Cada quién deberá sopesar sus circunstancias y, si lo que deseas es salir, contar con unas claves para hacerlo.

Que la inercia no nos lleve a equivocarnos de sendero.

Capítulo 2. Los retos

¿Quién no ha jugado en la más tierna infancia o adolescencia a un reto? Los había de todo tipo: juegos como «verdad o prenda», origamis que te lanzaban preguntas aleatorias, el de la botella giratoria, y aquellos retos en los que tenías que mandar una carta a no sé cuánta gente.
Internet pone el tema de los retos bastante más fácil, accesible y, ademas, más peligroso por el anonimato de los autores y por lo rápido que se propagan. También os los podéis encontrar bajo el nombre de challenges.
Seguramente habréis escuchado de algunos que han provocado suicidios, alteraciones psicológicas de diversa gravedad, o que son utilizados para el robo de información personal (Momo, la ballena azul, balconing, etc.) Si os atrevéis a conocer una tanda de los más escalofriantes, podéis consultar en este  enlace, o podéis ver webs donde se pueden crear cuestionarios para pasar a las amistades: quizyourfriends.com o ask.fm.
Pero no todos son tan peligrosos. Los hay muy cándidos e inocentes sobre si te gusta tal o cual chico o chica, tal grupo de música, tal deporte, etc. probablemente orientados a hacer grupos de iguales y/o empezar la fase de ligoteo. Me viene a la cabeza la imagen de Marty, de Regreso al Futuro, cuando cada vez que le llamaban gallina no se podía contener y hacía hasta la locura más disparatada con tal de no ser marginado.
Los retos o challenges tienen algo de eso. ¿Qué ocurre cuando uno no los pasa? Ser llamado gallina casi es lo de menos, puede conllevar exclusión o marginación dentro de un grupo de iguales. En general, la forma que tiene el colectivo adolescente de ir forjando su identidad es identificándose con otros grupos fuera de su familia.
Los retos, pues, unen, hacen piña, nos hacen sentir especiales para alguien, nos da un sentido de pertenencia. Es importante saber  lo que aporta esto de los retos a cada persona para no acabar dictando una prohibición tajante que deje al niñx aisladx y sin recursos. Yo, detrás de los retos, veo la necesidad de hacer grupo y empezar a explorar lo que piensan tus amigas y amigos. Debe ser sorprendente apreciar las diferentes respuestas que pueda dar cada quien a un mismo reto o pregunta. Aunque pueden existir muchos más motivos (os invito a investigar tus propios motivos y los de la gente que te rodea)
Resumiendo: si bien todos los retos no son peligrosos, muchos de ellos van a forzar al joven o a la joven a «elegir» entre las normas morales de su familia y las del grupo, o incluso, a poner en juego su integridad física para pertenecer a un grupo (ahora me viene a la mente el tema de las novatadas que tienen más o menos la misma razón de ser).
Y aquí voy a ser yo el que os ponga un reto para pertenecer a esta red de mpadres intranquilos y preocupados por el alcance de las tecnologías en nuestras vidas y las que nos suceden:

Plantea un reto sencillo para hacer en familia. Al conseguirlo, plantea uno más complicado o, incluso, peligroso. Mirad cuál es la reacción de cada uno… ¿qué se está dispuesto a hacer para pertenecer a la familia? Esto puede llevar a un diálogo espontáneo sobre los retos. Hasta dónde se puede llegar, hasta dónde conviene llegar. ¿Qué se pierde cuando uno no realiza un reto? ¿Qué se gana? ¿Se puede ganar una amistad sin tener que aceptar un reto? Hacedlo y, por supuesto, podéis compartilo para que todos podamos aprender.

Por último, si, para ti, toda prudencia es poca y quieres estar al tanto de los retos absurdos y peligrosos que vayan surgiendo para poder detectar comportamientos extraños en la persona o personas que cuidas, puedes suscribirte a listas de difusión de esta información como la que ofrece Gaptain.com en
¡Hasta la próxima!