Realmente se llama troll a una persona que se dedica a trolear (del inglés to troll). Por tanto, aunque ahora le pongamos cara y conducta de la mítica criatura literaria de tan feo aspecto, realmente se refiere a individuos que echan el anzuelo y consiguen que la gente «pique«.
Se trata de personas que adoptan una actitud incendiaria en grupos, foros, chats y, en definitiva, en cualquier sitio donde puedan escribir de una forma segura y anónima. La seguridad y el anonimato es imprescindible para llevar a cabo una conducta que seguramente no podrían realizar cara a cara.
Es muy importante saber y comprender que la «diversión» del troll consiste en «calentar» al personal, por tanto, cuanto más provocativa sea su intervención más fácil le será lograr su objetivo. No es necesario que su argumento tenga argumento, ni que sea veraz, ni razonable, probablemente no sea sincero ni respetuoso e irá dirigido a donde más duele de la audiencia potencial.
Podéis conocer más sobre los trolls y sus tipos en este link.
Y nos podemos preguntar, ¿para qué lo hacen? ¿podemos estar seguros dejando a nuestras hijas o hijos chatear o utilizar espacios virtuales y que les asalten con desafíos, insultos o vejaciones? Si nos vamos al mundo físico, tenemos también el perfil del chinchilla, la persona que se dedica siempre a llevar la contraria y a desafiar a todo el mundo (aunque normalmente de forma más respetuosa o bromista). Pasa que en Internet no podemos saber si la persona va en serio o no porque nos perdemos el lenguaje no verbal. ¿Quién puede necesitar divertirse de esta forma?
Pues muy en la línea de todo el colectivo conflictivo que solo es capaz de disfrutar haciendo daño moral o físico a los demás. Hay una necesidad de relacionarse de esa forma pues no deben encontrar otra más saludable y respetuosa. O simplemente no quieren hacerlo por estar en guerra con el mundo o con los que no opinan como él. Inevitablemente, tarde o temprano nos vamos a encontrar con un troll y nuestra hija o hijo también. Luego es bueno conocerlos y saber de antemano cómo vamos a actuar cuando nos encontremos con uno.
En el enlace que os he puesto antes vienen algunas sugerencias: «no alimentar al troll» (es decir, no contestarle por muy agraviados que nos veamos), denunciar en la web o a la policía si procede, o devolverle bien por mal (pedir disculpas y abandonar la conversación).
RETO:
Os reto a hablar con vuestra hija o hijo sobre los trolls. Preguntadle si saben qué son. Da igual, seres mitológicos o boicoteadores de Internet. Que se abra un espacio de diálogo sobre Internet y acabar decidiendo qué hacer si nos encontramos con alguno.
Luego, nos lo podéis contar, compartimos y reflexionamos…
