Capítulo 2. Los retos

¿Quién no ha jugado en la más tierna infancia o adolescencia a un reto? Los había de todo tipo: juegos como «verdad o prenda», origamis que te lanzaban preguntas aleatorias, el de la botella giratoria, y aquellos retos en los que tenías que mandar una carta a no sé cuánta gente.
Internet pone el tema de los retos bastante más fácil, accesible y, ademas, más peligroso por el anonimato de los autores y por lo rápido que se propagan. También os los podéis encontrar bajo el nombre de challenges.
Seguramente habréis escuchado de algunos que han provocado suicidios, alteraciones psicológicas de diversa gravedad, o que son utilizados para el robo de información personal (Momo, la ballena azul, balconing, etc.) Si os atrevéis a conocer una tanda de los más escalofriantes, podéis consultar en este  enlace, o podéis ver webs donde se pueden crear cuestionarios para pasar a las amistades: quizyourfriends.com o ask.fm.
Pero no todos son tan peligrosos. Los hay muy cándidos e inocentes sobre si te gusta tal o cual chico o chica, tal grupo de música, tal deporte, etc. probablemente orientados a hacer grupos de iguales y/o empezar la fase de ligoteo. Me viene a la cabeza la imagen de Marty, de Regreso al Futuro, cuando cada vez que le llamaban gallina no se podía contener y hacía hasta la locura más disparatada con tal de no ser marginado.
Los retos o challenges tienen algo de eso. ¿Qué ocurre cuando uno no los pasa? Ser llamado gallina casi es lo de menos, puede conllevar exclusión o marginación dentro de un grupo de iguales. En general, la forma que tiene el colectivo adolescente de ir forjando su identidad es identificándose con otros grupos fuera de su familia.
Los retos, pues, unen, hacen piña, nos hacen sentir especiales para alguien, nos da un sentido de pertenencia. Es importante saber  lo que aporta esto de los retos a cada persona para no acabar dictando una prohibición tajante que deje al niñx aisladx y sin recursos. Yo, detrás de los retos, veo la necesidad de hacer grupo y empezar a explorar lo que piensan tus amigas y amigos. Debe ser sorprendente apreciar las diferentes respuestas que pueda dar cada quien a un mismo reto o pregunta. Aunque pueden existir muchos más motivos (os invito a investigar tus propios motivos y los de la gente que te rodea)
Resumiendo: si bien todos los retos no son peligrosos, muchos de ellos van a forzar al joven o a la joven a «elegir» entre las normas morales de su familia y las del grupo, o incluso, a poner en juego su integridad física para pertenecer a un grupo (ahora me viene a la mente el tema de las novatadas que tienen más o menos la misma razón de ser).
Y aquí voy a ser yo el que os ponga un reto para pertenecer a esta red de mpadres intranquilos y preocupados por el alcance de las tecnologías en nuestras vidas y las que nos suceden:

Plantea un reto sencillo para hacer en familia. Al conseguirlo, plantea uno más complicado o, incluso, peligroso. Mirad cuál es la reacción de cada uno… ¿qué se está dispuesto a hacer para pertenecer a la familia? Esto puede llevar a un diálogo espontáneo sobre los retos. Hasta dónde se puede llegar, hasta dónde conviene llegar. ¿Qué se pierde cuando uno no realiza un reto? ¿Qué se gana? ¿Se puede ganar una amistad sin tener que aceptar un reto? Hacedlo y, por supuesto, podéis compartilo para que todos podamos aprender.

Por último, si, para ti, toda prudencia es poca y quieres estar al tanto de los retos absurdos y peligrosos que vayan surgiendo para poder detectar comportamientos extraños en la persona o personas que cuidas, puedes suscribirte a listas de difusión de esta información como la que ofrece Gaptain.com en
¡Hasta la próxima!

Un comentario sobre “Capítulo 2. Los retos

  1. El otro día hicimos nuestro propio reto. Empezamos hablando de si conocían los retos y hasta la más peque había jugado a «verdad o prueba». Uno nos reconocía que siempre elegía «verdad» porque «ese chico» siempre ponía pruebas que eran «tonterías». Se nos ocurrió distinguir entre los retos divertidos y saludables de los peligrosos. El mayor ya conocía el reto de la ballena azul que podía provocar que la gente se quitará la vida. Pero también hay otros retos sorprendentemente constructivos como a limpiar playas de basura, las cadenas de favores, los retos personales,…
    Finalmente, acabamos inventándonos retos responsables y retos maliciosos y, bueno, creo que captaron el mensaje… Veremos a ver.

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